Los niños estaban descalzos junto a un huerto que ellos mismos habían plantado en una luminosa aula de Córdoba. No tenían intención de prepararse para una feria de ciencias. Les estaban enseñando a cuidar la Tierra.

Los niños en España ahora ven el cambio climático como una lección del presente, en lugar de una amenaza del futuro, gracias a iniciativas como Naturaliza. Este programa, impulsado por Ecoembes, ha proporcionado a miles de educadores los medios para incorporar la conciencia ambiental en todas las áreas académicas. El hilo conductor ecológico es evidente en todas las áreas, incluyendo matemáticas, escritura y arte.
Contexto clave sobre la educación ambiental en España
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Iniciativas destacadas | Naturaliza (Ecoembes), Paisaje Limpio, La Hora del Clima |
| Niveles educativos | Infantil, primaria, secundaria y educación especial |
| Métodos utilizados | Aprendizaje activo, huertos escolares, talleres de reciclaje |
| Objetivos principales | Conciencia ecológica, acción responsable, vínculo con la naturaleza |
| Impacto esperado | Ciudadanía más sostenible y comprometida con el medioambiente |
El hecho de que estas iniciativas lleguen al inicio de la educación es especialmente novedoso. Los enfoques se están modificando incluso en entornos de educación especial, empleando estrategias táctiles y visuales para involucrar a los niños en temas difíciles como la sequía o la deforestación. La transición se siente más como una revolución silenciosa debido a su transversalidad: integra el pensamiento verde en todo el currículo.
La Hora del Clima es otro proyecto que destaca por tener dos estructuras distintas. Por un lado, a los niños se les enseña teoría, como por ejemplo, cómo los edificios retienen el calor o la importancia de desconectar los aparatos electrónicos. Por el contrario, usan termómetros para medir y reflexionar mientras se desplazan por las clases. Sorprendentemente, estos ejercicios logran transformar las preocupaciones impersonales en rutinas individualizadas.
La primavera pasada, voluntarios guiaron a un grupo de niños de 10 años en una conversación sobre conservación de energía en un colegio de Valladolid. «Si todos apagamos una luz al día, quizás no se derrita el Polo Norte», dijo un niño sin que se lo pidieran. Las reacciones de los niños ante la crisis climática son sorprendentemente obvias: sin negación ni distracción, solo una necesidad instintiva de actuar.
Estos sistemas evitan la trampa del aprendizaje estéril al enfatizar el aprendizaje activo. Una charla sobre biodiversidad se convierte en un juego para identificar aves urbanas, y una hoja de trabajo sobre contaminación se convierte en una excursión para recoger basura. Hoy en día, los patios escolares suelen tener pequeños huertos o composteras, que cumplen funciones tanto prácticas como simbólicas.
Este enfoque práctico ha sido extremadamente útil para colegios de tamaño mediano, especialmente los ubicados en entornos suburbanos o semirrurales. Los alumnos reciben un contexto instantáneo y, lo más importante, un sentido de autonomía. Los instrumentos ofrecidos son bastante eficaces gracias a las alianzas estratégicas entre ONG y gobiernos locales. El profesorado recibe módulos estructurados, vídeos e incluso mentoría en directo en lugar de improvisar. Esto garantiza que la enseñanza ecológica se convierta en una práctica habitual, en lugar de depender de la casualidad o la pasión del profesor.
Recuerdo haber visto a niños en una clase de Almería usar botellas de plástico y bandejas de condensación para simular el ciclo del agua. En foros de sostenibilidad, una niña explicó la evaporación mejor que la mayoría de los panelistas adultos. Siendo sinceros, fue una explicación humilde.
Muchos educadores de mayor edad han observado que el enfoque ambiental mejora la participación general del alumnado, a pesar de que algunos de ellos al principio se muestran escépticos, sobre todo en lo que respecta a la integración de diferentes temas. Cuando una conferencia sobre civilizaciones antiguas se relaciona con problemas como la erosión del suelo o la deforestación, se vuelve más atractiva. La historia parece más cercana y educativa.
La fortaleza emocional que adquieren los alumnos al estudiar temas relacionados con el clima también mejora notablemente. Estas iniciativas ayudan a los niños a verse a sí mismos como parte de la solución, en lugar de generar miedo. Quizás su logro más duradero sea la transición del miedo a la acción. A medida que más zonas se han visto afectadas por incendios forestales y escasez de agua en los últimos años, incluso los padres han mostrado un apoyo creciente a estas iniciativas. Cuando los niños regresan y piden reciclar de forma más eficiente o consumir menos energía, el vínculo entre el hogar y la escuela se fortalece.
España está desarrollando un enfoque multinivel para la alfabetización ambiental, trabajando con organizaciones gubernamentales y privadas. Se trata de desarrollar hábitos, creencias y un lenguaje ecológico común, no solo hechos o advertencias.
Sin embargo, el componente más efectivo sigue siendo sencillo: reconectar a los niños con la naturaleza. Limpiar parques, plantar plántulas y observar lombrices en el compost crean conexiones emocionales que una presentación de PowerPoint no puede. Sus experiencias vividas sirven como base para la concienciación climática.
La consistencia de la formación y la financiación a largo plazo suelen ser los mayores obstáculos para los programas en sus etapas iniciales. Sin embargo, hasta ahora, la escalabilidad ha demostrado ser prometedora mediante el uso de tecnologías digitales y las redes de docentes existentes.
El objetivo final es el cambio, más que solo la educación: inculcar en las futuras generaciones el sentido de la obligación de proteger el medio ambiente, en lugar de una opción.
Sorprendentemente, las escuelas en España ya están demostrando cómo hacerlo: un huerto, un termómetro y una charla a la vez.
